Tanteamos un poco.
Rozando los límites, estirándolos hasta que se astillan y comienzan a romperse.
Nos miramos un poco mas de lo necesario, dejando que nuestros ojos vaguen sin ritmo ni propósito.
Y esperamos, impacientes.
Mientras nuestros labios respiran de anticipación, y el deseo cuelga impreciso de nuestros corazones.
Nos marginamos en nuestros mundos imposibles, de anhelos inexplicables.
Suspiramos, tomándonos de las manos, mientras nos sumimos en nuestros sueños.
No parece necesario decir algo, cuando caminamos juntos.
Nuestro silencio habla por nosotros,
Ese silencio que extrañamente parece hablar de amor.
No, no.
No parece necesario aclarar nada.
Cuando estamos ahí, los dos.
Uno enfrente del otro.
Con el aire electrificado y el pecho a punto de estrellar.
Con nuestros corazones rozándose inocentemente y las sonrisas enmarcando nuestros rostros.
Parece todo tan claro, tan sencillo, tan real.
Cuando simplemente,
Nos pertenecemos.
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