domingo, 30 de octubre de 2011

Pasado.

Observo como la luz tiñe todo de un extraño naranja y una lágrima recorre mi mejilla silenciosamente.
Cierro los ojos, y me veo allí, hace tantos años. Sentada en el sofá, en la habitación iluminada con la misma extraña luz. Me veo riendo, feliz al son de la música que me rodea.
La misma música que escucho ahora, cuando entre parpadeos vuelvo al presente.
Con la realidad golpeándome como una bofetada.
Me doy cuenta que la ventana no da al hermoso paisaje que debería, sino a una sucia y oscura calle. Me doy cuenta que no estoy cómoda, enterrada en los brazos de mi padre, pequeña e inocente. No, tengo una década mas, y estoy tirada en mi cama. Sola.
Una extraña lejanía se apodera de mí, y me siento vacía. A la deriva.
Floto entre recuerdos y memorias llenas de luz. Tan alejadas que puedo sentir la distancia estirándose, doliendo. Siendo el tiempo ondulado, como caminos sin recorrer.
Como tantas oportunidades perdidas.
Las lágrimas siguen corriendo por mi cara. Frías.
La casa se siente más desconocida ahora, la noche se siente más oscura, mi dolor más palpable, mientras la palabra hogar danza en mi memoria.
Hogar.
La palabra cuelga de mis labios extraña. Imposible.
Pero conocida.

Conocida ahora, cuando me doy cuenta que en verdad existía.
Conocida ahora, cuando me doy cuenta demasiado tarde.

Con desesperación trato de olvidar.
Intento borrar mi historia, pero se aferra a mí inalterable.
Me desgarro por dentro, cuando en mi afán de que desaparezca el dolor, este se vuelve más real.
Duele tanto, tanto, mientras que en vez de perderse, mis recuerdos vuelven a mí con más fuerza aun.
Duele.

Abro los ojos, desesperada, al borde de la locura.
Mientras la tristeza me hunde más y más.

Mientras veo lo que pude a ver sido y me doy cuenta de lo vacía que estoy ahora.
La oscuridad pesa en mí como una cadena, atándome.

Respiro agitada, buscando algo que se que no esta.
Mi pasado.

Y me dejo caer, agotada. Sin más fuerzas para luchar.
Y me dejo llevar.
Con cada segundo doliendo un poco mas.
Sabiendo que estoy totalmente perdida en mi misma.

.

sábado, 15 de octubre de 2011

Locos

¿Seremos locos por creer en el cambio?
¿Por pensar que podemos ser la diferencia?

Vemos y oímos, sentimos al mal andando.
Sin embargo, seguimos sentados en el mismo lugar, observando como todo cae.
¿Somos locos por levantarnos? ¿Por gritar en alto?
Basta.
Basta.
Es suficiente.
Las palabras se repiten en nuestros labios, una y otra vez.
Los corazones martillean en su lugar, pidiendo, suplicando.

Que se detenga.

¿Seremos locos por odiar al odio?
¿Por desear la paz?

¿Seremos locos por creer que hay otra posibilidad?
¿Por confiar?

Tal vez, solo tal vez.
No somos locos,
Somos la solución.


15 de octubre.

viernes, 14 de octubre de 2011

Mi pequeño caos

A veces no es tan malo. El caminar quiero decir.
Dejándose llevar, no es para nada malo.
Hay veces, mientras recorro las calles vacías,
Que siento como si un pequeño caos se creara para mí.
El viento jugando con fuerza, llevando mis ropas de un lado para otro,
Arremolinando de mil formas mí pelo,
Con el cielo gris y encapotado, y ninguna sombra a la vista.
Mientras los árboles se balancean y las hojas cantan unas sobre otras.
Todo parece detenerse por un segundo, mientras sigo caminando,
Mis pasos repiqueteando en la acera,
Todo parece gravarse en mis ojos,
Mientras los truenos rugen reflejando la tormenta próxima,
Sonrío y río libremente,
Sintiéndome ligera, libre.
Libre en mi pequeño caos.
Imagino fisuras en el tiempo, fisuras en la que solo habito yo y un huracán alrededor mío.
Y la tormenta cada vez se acerca más y más.
Y vuelvo a reír, dejando que mis pasos salten un poco mas de la cuenta.
Porque la confusión puede llegar a ser maravillosa, bella.
La confusión en la que todo es tan natural, tan simple.
No hace falta razonarlo, ni siquiera pensarlo.
Hace que lo ame, a mi pequeño caos.
Me hace feliz, durante ese ínfimo instante,
Sola en el medio de la ciudad,
Bailando en la lluvia que comienza a caer.
Y por ese momento, sonrío.

Amando mi pequeño caos,
Mi pequeña forma de libertad.

martes, 11 de octubre de 2011

Obsecion

Seguimos jugando.
Cada vez mas cansados, cada vez con mas dolor que acarrear,
Pero seguimos jugando, porque no tenemos ni idea de como terminar
Ni siquiera esperamos que alguien gane, hace mucho que perdimos
Tanto tiempo, y seguimos aquí,
Sobre el mismo tablero.
Yo, enfrente tuyo, observándote.
Tu, enfrente mío, amándome.
Seguimos sin saber las reglas, sin saber el camino.
Seguimos aquí. Como siempre.
Tuvimos muchos nombres.
Amor. Odio. Desesperación. Dolor. Y Amor una vez más.
Seguimos girando en el mismo círculo, una y otra vez.
Seguimos sobre los mismos pasos que caminamos mil veces, repitiendo la historia.
La historia en donde me amas, te amo y terminamos odiándonos.
La historia que donde tú aun tienes esperanzas, pero yo me di por vencida hace mucho.
La historia donde no somos más que una obsesión.
Tú intentas olvidarme, una y otra vez. Tú intentas borrarme en los labios de otras mujeres. Mujeres sin nombre ni rostro.
Y cada vez que fallas, tus ojos se rompen un poco más.
Y mientras tanto, yo observo, odiándolas, odiándote.
Parece tan fácil rendirse, volver a tu lado.
Parece tan fácil, cuando no podemos más, y simplemente nos dejamos llevar.
Parece tan fácil, cuando solo estamos los dos. Deseándonos, amándonos.
Parece tan fácil solo soñar, en que estamos juntos en nuestras fantasías.
Tan solo dos locos frente al mar.
Durmiendo sobre las estrellas.

Pero como siempre termina.
Huimos, corremos sin mirar atrás. Alejándonos, pero nunca es suficiente.
Nunca podemos estar juntos, nunca lo suficiente.
Simplemente porque no podemos. No podemos.
Dos caras de la misma moneda.
Demasiado rotas para hacerse algún bien.
Si es que el destino existe, puedo asegurar que no fuimos hechos para estar juntos.
La época en que solo éramos dos niños jugando quedo muy atrás.
Igual que todos esos pálidos recuerdos que parecen perseguirnos.
Ahora no somos amor. Ni siquiera odio.

Solo somos una obsecion.

Despertar CONtigo

Parece demasiado pronto para cuestionarte, pero no puedo evitarlo.
Te veo durmiendo, con tus ojos cerrados, negados a despertar.
Te veo ahí, recortado contra mis sabanas blancas. Y no se que pensar.
No se si amarte, odiarte o huir. No se si seguir soñando, o dejarte ir.
Me pregunto algún día si será como era antes, como cuando éramos solo dos niños jugando a darnos de la mano. Me pregunto si algún día dejaremos de ser solo dos desconocidos jugando al azar
El sol sale, y baña nuestros cuerpos desnudos.
El tiempo parece no pasar, pero yo se que esta ahí, expectante.
Se que no puedo retrasarlo mas.
Considero detenidamente mis opciones. Y la posibilidad de escapar mientras no puedes detenerme me atrae inevitablemente, por un momento, el titulo de cobarde parece fácil de soportar. Se lo que me dirías si supieras, pero no deberías culparme. Desaparecer es mi forma de ser.
Pero se que contigo no tengo la voluntad para hacerlo, y me odio por eso.
Así que espero y sigo esperando. Mientras el sol termina de alzarse y termina de iluminar la habitación.
No me he movido, sigo ahí. Cruzada sobre tu pecho, con tus latidos en mis oídos. Los escucho y me dejo llevar, y por un momento te creo mío. Absolutamente mío.
Y mi corazón se deja llevar por esa ilusión, solo por el instante de un latido desenfrenado. Y después vuelve a calmarse, intentando volver a la fría realidad.
Pero no dejas que lo haga, porque siento como te desperezas debajo de mí y yo me levanto con un ligero miedo, que prefiero ocultar.
Me apoyo sobre un codo y dejo mi pelo caer a un costado, acariciándonos. Pero no parece importarte, porque lo único que haces es mirarme. Lo siento, siento como me observas, hasta puedo llegar a imaginarte, con la cabeza ligeramente inclinada y una expresión inquisidora. Te conozco demasiado bien, y se que no me vas a dejar ignorarte.
Por lo que me rindo y levanto la mirada. Nuestros ojos se encuentran, y los tuyos inmediatamente me sobrepasan con su profundidad. Me sorprendo al ver la felicidad que desborda de ellos, y algo que nunca había visto antes. Me cierro rápidamente, protegiéndome, pero es demasiado tarde. No quiero pensar, no quiero sacar conclusiones, no quiero que sea verdad, pero no puedo ignorar lo que estoy viendo.
No puedo dejar de mirar como tus ojos rayan amor sobre los míos, y se que mañana,
Volveré a despertar contigo.

Error

Es solo un momento de duda, una ligera vacilación.
Fue un error, un descuido.
Un imprevisto.
No es como si lo hubiera estado esperando, contando los segundos.
Esa pequeña confusión, ese pequeño signo de pregunta.
Abriendo puertas a millones de posibilidades.
No, para nada. No lo quise, no lo quiero.
Aunque mi corazón lo deseaba. Como no.
Ese diminuto comienzo hacia algo que no tiene nombre.
Un juego que no parece tener reglas. Ni limites.
Esa gran confusión que parece llevar tu nombre encima,
Y infinitos puntos suspensivos detrás’

FisuRas

No hay compasión en tus ojos, ni siquiera preocupación.
Solo una leve inclinación, algo que parece un rastro de duda.
Pero yo te conozco mejor que eso y no creo en falsos imposibles,
¿Como buscar algo que no existe?
No finjamos que importa, no llegados a este punto.
Somos lo que somos.
Tanto tú como yo.
Cada uno con su vida bien puesta, y encajonada como corresponde,
Cada uno con errores de fábrica,
Que no podemos reparar.
Los días, los meses y años, no parecen ser relevantes ahora,
Con nosotros enfrentados,
Y nuestras almas rozándose furtivamente.
Con nuestras miradas trabadas despreciándose
Nada parece relevante ahora,
Cuando el adiós sigue sobre mis labios,
Y tú no sabes qué responderme,
Y tú no quieres responderme.
Tan rápidos como vinieron y desaparecieron,
Mis te amo, siguen acumulándose ignorantes en mi garganta.
Esperando su oportunidad.
Y tú lo sabes. Y yo lo se.
Pero tú me conoces mejor que eso, no esperas a que lo logren.
No necesito contrariarte. No lo harán.
La nada parece muy fácil de comprender ahora.
Cuando comienzo a entender lo que es el vacío.
Ni universos, ni espacios,
Solo finas fisuras recorriéndome.
Y mi voluntad ciega lucha con fuerza por sostenerme
Pero todo parece caerse en un instante,
Un segundo que parece tan pequeño como irreal.
La habitación, las paredes, nuestras respiraciones, la luz, la oscuridad, el tiempo.
Todo parece difuminarse sin importancia,
Cuando tus defensas caen,
Y me miras amándome, con ojos rotos.
Es solo un suspiro, mientras mi corazón te responde.
Con un solo latido que parece inundarme.
Lánguidos recuerdos te llaman.
Pero conocemos la destrucción mejor que eso.
Tu mirada se vuelve a cerrar, y me empujas fuera de golpe
Caigo sin poder volver atrás.
Caigo del único lugar que fue mío.
Tu esencia atormentada se esconde otra vez.
Fuera de mi alcance.
Y yo fui la única a la que dejaste entrar,
La única que supo ganar.
Y es por eso que se, que no hay marcha atrás.
Nuestra distancia se opaca,
Y no puedo verte más.
Y mientras me vuelvo lentamente ciega,
Comprendo lo que es la esperanza,
En el exacto momento
En el que me abandona para siempre.